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El hambre llama a la puerta…Tucson, Arizona | Published: 07.18.2008
Para mí no hay mejor economista que una ama de casa. La mayoría de las mujeres que tienen la responsabilidad de hacer las compras para el hogar, guardan, en un lóbulo especial de su cerebro, la lista completa de los precios de los artículos que suelen adquirir para la mesa familiar.
La información que llena este espacio mental no requiere de investigaciones, encuestas o sondeos; siempre está al día, pues actualiza las variaciones de los precios automáticamente con sólo una visita a las tiendas.
Los hombres, en cambio, o carecemos de esta mágica facultad, o simulamos no entenderlo, lo que a mí me parece que es una torpe defensa de nuestros bolsillos para no tener que aumentar "el diario"; la esposa pide más, y nosotros respondemos "no puedo" o "no tengo".
Ambas capacidades constituyen las más eficaces herramientas para manejar la economía familiar. ¿Pa' qué nos hacemos patos?
Esto por lo que respecta a la economía familiar (con minúsculas). Pero por lo que se refiere a la Macro-Economía (con mayúsculas), la cosa no difiere mucho. Por ejemplo:
El Banco de México maneja una lista de 102 productos alimenticios de primera necesidad, cuyos precios al público evalúa periódicamente. En términos coloquiales esto representa básicamente la "lista del mandado".
Se comprende que para hacerse de estos datos, el Banco Central de México debe recoger la información mediante especializados, complejos y sesudos estudios en los mercados; es decir, lo mismo que hace el ama de casa a puro cerebro todos los días.
La más reciente información dada a conocer por el Banco de México a este respecto indica que 62 de esta lista de 102 productos alimenticios básicos ha subido más del 50 por ciento sus precios en el transcurso de menos de tres meses. Es decir que cada familia debe incrementar su presupuesto del gasto entre 40 y 50 por ciento si quiere seguir alimentándose como habitualmente lo ha hecho.
Después de las amas de casa y luego el Banco de México, el primero en conocer esta información es el gobierno mexicano quien, como buen ente masculino, se hace chombito para no aplicar correctivos ni aumentar el ingreso de las personas.
Ya sabemos que este año los ingresos de empleados y trabajadores aumentaron un espectacular 4.5 por ciento de manera generalizada. Al mismo tiempo, muchos destacados empresarios -algunos de los cuales figuran en Forbes- dicen que los aumentos de sueldos "no son la solución" contra los altos precios de los alimentos, y a la mejor tienen razón, aunque nos sea muy difícil entenderlos.
Así están las cosas en México, y así seguirán sólo Dios sabe por cuánto tiempo.
Don Amador
El dueño del mini súper que está a cuadra y media de mi casa, se llama Amador. El nombre le queda al pelo, porque hasta donde yo veo, este hombre -de unos 45 años de edad-, tiene tres amores: su familia, su negocio y sus clientes.
Como te platiqué en ocasión anterior, estimado lector, no son pocos los productos alimenticios que adquiero ahí a precios sensiblemente más bajos que en las mejores tiendas de autoservicio. Hace dos días, por ejemplo, fui a comprar una bolsa de totopos y algo de plátanos. Ambas cosas me costaron muy por debajo de los precios que vi en un súper apenas antes de llagar a casa.
Cuando me formé en la fila de caja en la tienda de Don Amador, delante de mí iba una señora que me pareció de clase muy humilde; llevaba una cartera de huevos, uno de los alimentos mayormente consumidos por las familias de posición humilde.
Como soy muy metiche -el que no pregunta no llega a Roma-, le pregunté a la señora cuánto le costaba su cartea de huevos ahí en la tienda, y me dijo que 28 pesos y 90 centavos. "¡¿What?!", pensé yo, porque acababa de ver el precio de los huevos en oferta en un gran súper, a 39.90 la cartera de 36 piezas; es decir 38 por ciento más caros.
Don Amador no se conforma con tener precios más bajos que cualquier otro comercio que yo haya visitado. Además y de pilón, cada cierto tiempo gratuitamente rifa entre sus clientes habituales algún aparato electrónico de modestas características que, sin embargo, representa una acción de gratitud a la preferencia de su público.
Ello me lleva a recordar, por supuesto, que hace muchos años que no se de ninguna cadena comercial que rife ni cacahuates entre su clientela.
Todo esto me lleva a recordar los horrendos años inflacionarios de Echeverría, "el perro" López Portillo, el inútil Miguel de la Madrid, el demonio Carlos Salinas de Gortari y el Dr. Zedillo, cuando escuché a tres metros de distancia a un destacado empresario exclamar exultante: "¡Tizne su madre el que quite la inflación!
¿No es conmovedor?
● E-mail: francisco.urena@yahoo.com
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