Sun, Sep 07, 2008

Tintero

¿Quién demonios está atendiendo la tienda?

Por Paco Ureña
Tucson, Arizona | Published: 06.20.2008
Esta es una vieja historia que, en mi opinión, es perfectamente actual, a pesar de que alguien me la contó hace más de 20 años.
El viejo comerciante Abraham tocaba la meta final de su vida. Agonizaba después de largos años de lucha por la vida, durante los cuales había engendrado con su esposa, Sara, cuatro hijos. Prudente, como suelen ser los hebreos, la familia había arreglado todo lo necesario para el funeral que ya se anunciaba.
Lógicamente, alrededor del lecho del viejo Abraham, la familia acompañaba al patriarca en sus últimos momentos. El anciano respiraba con dificultad, pero permanecía lúcido aún, pese a que su vista había menguado en extremo, tal vez como parte del protocolo de la inevitable despedida.
-¿Dónde está Rebeca?-, preguntó a Sara el anciano con carrascalosa voz.
-Aquí está, Abraham-, respondió su esposa.
-¿Dónde está Isaac?-, volvió a interrogar el octogenario.
-Aquí está-, dijo Sara.
-¿Y Rubén y Salomé dónde están?-, dijo Abraham subiendo el tono de su voz.
-Aquí están, a tu lado. Todos estamos aquí-, respondió Sara una vez más, visiblemente nerviosa.
-Entonces -dijo Abraham-, ¿quién demonios está cuidando la tienda?
Sin ánimo de molestar a nadie, este cuento ilustra a la perfección el presente panorama político de Sonora, y seguramente del País, o al menos de una gran parte del mismo. Es evidente, porque lo vemos en los medios todos los días: los senadores, diputados, secretarios y gobernadores -por no hablar de otros altos funcionarios tanto federales como estatales-, están inmersos en la "grilla" hasta el cuello.
Todos, casi al unísono, andan a la búsqueda de un nuevo "hueso", mientras postergan los asuntos importantes y simulan que trabajan aplicándose -sólo en apariencia-, a los menos trascendentes; es decir que hacen como que trabajan. Es ahí donde uno se pregunta, igual que Abraham le preguntó a Sara: ¿Quién demonios está atendiendo la tienda?
Y para muestra ahí te va un botón…
La Secretaría de Salud del Estado de Sonora, se ha abocado con inusitada insistencia a resolver el problema de los sonorenses gordos. No digo que no es un problema real, porque -según afirman-, hasta el 30 por ciento de los habitantes de Sonora sufre (¿sufre?) grave sobrepeso.
No se como puede llamarse esto "un problema", porque me parece a mi que la mayoría de los gordos, sean mexicanos, gringos o marcianos, están gordos simplemente porque tragan mucho (Y perdón por la palabra "mucho"). ¿Y por qué lo hacen? Porque les pega su regalada gana, ¡faltaba más!
Para controlar esta situación, parece ser que el gobierno se propone exigir a los restaurantes que proporcionen a sus clientes menús dietéticos.
Después de una débil oposición, casi simbólica, los empresarios del ramo finalmente han aceptado que colaborarán con las autoridades sanitarias, sobre todo para no ser sancionados, lo cual parece una explicación lógica, digámoslo así.
Lo inaceptable, desde mi punto de vista, es que las autoridades se arroguen el derecho de decirle a la gente lo que debe comer y lo que no debe comer.
Hacer esto por la vía legal me parece una grave violación a los derechos más sagrados de los ciudadanos, lo cual ya ocurre en las escuelas, donde las Secretarías de Educación y de Salud prohibieron, hace buen rato, la venta de la mal llamada "comida chatarra".
Yo digo que si los gordos están gordos es porque les gusta comer más de lo razonable en su casa, en la calle o en el restaurante, es un asunto completamente personal que nadie más que ellos deben decidir.
Ninguna autoridad, sea la que sea, debe emitir una regla claramente violatoria de la individualidad y la libertad personal. Además, ¿a quién se le ocurre que los ciudadanos tragones renunciarán a los tacos de carnitas, cabeza y carne asada, o a los hot-dogs?
Por amor de Dios, polacos vagos, ineptos y mamucos: aplíquense a lo que es importante, necesario y legítimo, y déjense de jaladas pueblerinas.
Para controlar tantas ambiciones y flojera, lo mejor es agarrar la escoba y ponerse a barrer, como decía mi suegro, que en paz descanse.
● E-mail: francisco.urena@yahoo.com