Fri, Oct 10, 2008

Tintero

De allá para acá…

Por Paco Ureña
Tucson, Arizona | Published: 04.18.2008
De allá para acá… Ya te había comentado hace algunas semanas, que un nuevo fenómeno migratorio se había derivado de las rígidas leyes que se han impuesto en Estados Unidos contra los trabajadores ilegales.
Las noticias de las agencias periodísticas nacionales e internacionales señalaban, entonces, que un número creciente de agricultores estadounidenses estaban trasladando sus operaciones a México, ante la súbita escasez de mano de obra barata que se había creado en su País como resultado de las nuevas leyes migratorias.
No parece razonable censurar ni criticar a los productores de hortalizas del vecino País, por la sencilla razón de que la expulsión de los trabajadores mexicanos simplemente imposibilita su eficiencia y, por lo tanto, su negocio.
No se puede criticar a los empresarios agrícolas de allá, pues se trata de un problema de elemental supervivencia.
Este asunto nos recuerda lo ocurrido en Sonora en los años setentas, cuando el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez —de muy ingrata memoria—, puso de cabeza a México.
Entre los muchos trastornos y delitos de que fue responsable este mesiánico mandatario, estuvo el desmembramiento de la producción agrícola en el Valle del Yaqui (¿y del Mayo?), mediante arbitrarias expropiaciones y los consecuentes repartos de tierra.
El resultado fue que los productores afectados consideraron la posibilidad de emigrar a otras naciones —incluyendo algunas de América Central—, para tratar de superar sus graves pérdidas y escapar de las arbitrariedades y abusos de Echeverría, auténtico reyezuelo si freno alguno.
Así pues, no debe extrañar lo que están haciendo ahora los productores estadounidenses. Después de todo, tienen derecho a sobrevivir de la mejor manera que les sea posible.
Al hacerlo, no pocos de ellos han venido a México a asociarse con productores sonorenses y sinaloenses, para rentar tierras y producir hortalizas y otros cultivos por acá. Como es lógico, tampoco son pocos los agricultores mexicanos que han tomado la oportunidad por los cuernos, de modo que, según parece, todos están felices.
Los primeros, porque contarán con abundante mano de obra barata —baratísima, diría yo—, mientras que los segundos tendrán acceso a capital fresco y accederán, también, a muy importantes y redituables mercados. Los negocios, pues parecen marchar sobre ruedas.
La verdad sea dicha, ignoro si este singular fenómeno esté manifestándose de semejante manera en otras regiones de nuestro País, pero el sentido común nos indica que tal cosa es muy posible. Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. El asunto tiene más aristas que lo que se ve a simple vista.
Para nadie es un secreto que los salarios que reciben los jornaleros en México son extremadamente bajos. De otra manera no se explicaría que miles de compatriotas continúen arriesgando su vida para cruzar el desierto, sólo con la esperanza —a veces muy remota y frustrante—, de ganar los salarios que rescaten a sus familias de la pobreza extrema.
Aquí, con los nuevos productores estadounidenses trabajando en tierras mexicanas, el mayor beneficio para ellos será que la mano de obra les costará mucho, pero mucho menos, vistos los vergonzosos precios a que se pagaba este trabajo en México.
De esta manera, sencilla y elemental, se mantendrá a los trabajadores del campo mexicano y sus familias sin esperanza alguna para aspirar a un futuro más satisfactorio.
El panorama, pues, se antoja ominoso para millones de personas, y brillante para unos cuantos. Pero aún hay más. Falta todavía considerar el otro efecto que las medidas antiinmigrantes en Estados Unidos tendrán el todo nuestro País.
A lo largo de más de dos décadas, la importancia económica de las "remesas" ha crecido intensamente en importancia para México. Decenas de miles de millones de dólares viajan del vecino País hasta acá, lo que sin duda constituye una valiosa aportación de capital fresco a nuestra economía.
Su importancia es tanta, que supera ampliamente la gran captación turística, ya que estos recursos entran a nuestra sociedad sin ningún gasto ni inversión de por medio.
Todo corre por cuenta de nuestros compatriotas metidos de trampas en el vecino País. Vale la pena meditar, pues, cuáles serán las consecuencias de esta modificación de nuestras relaciones con el Tío Sam, pues van más allá de lo que hoy podemos imaginar.
Por eso me pregunto: ¿Hay alguien que haya hecho un escrupuloso análisis de todo esto? Si así es, nadie ha dicho ni media palabra al respecto.
● E-mail: francisco.urena@yahoo.com