Octubre 29, 2000El viaje de Marvin: La historia de un migrante
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Por Ignacio Ibarra y Jeffry Scott
ARIZONA DAILY STAR
El agua subió en el arroyo y la oscuridad cayó rápidamente en el desierto de Arizona.
Marvin Hernández pudo ver sus sueños marchitarse con la luz.
El estaba seguro de que todo había terminado, el sueldo de un año que había dado a los contrabandistas. Las 2,000 millas que él había viajado desde la ciudad a la jungla y al desierto. La suerte que lo había acompañado en su primera prueba.
Todo inició tres semanas antes, cuando su madre, Angela, empacó apretadamente tres pulcros pares de pantalones, tres camisas, calcetines, ropa interior, un cepillo de dientes y aspirina en una pequeña bolsa. Fue con él a la estación de autobús y lo despidió cuando él abandonó el país más pobre de Centroamérica para buscar un trabajo de sueldo mínimo en los Estados Unidos.
El prometió volver, pero su madre perdió a sus hombres en un viaje anterior.
Ella tomó para sí la brillante sonrisa de Marvin, sus profundos ojos cafés y su figura de jugador de futbol como si fuera la última vez.
Durante semanas, Marvin fue deshaciéndose de los artículos personales pieza por pieza, aligerando su carga mientras cruzaba por su propia tierra El Salvador, posteriormente por Guatemala y luego por México.
En la semana del Dia de la Independencia de Estados Unidos, el mecánico de 25 años de edad, llegó a la última frontera, en Arizona. Con eso se convirtió en una de las casi medio millón de personas que se introducen ilegalmente al país cada año.
Esperaba una caminata de dos horas para ir hacia Phoenix. Se convirtió en una agotadora marcha de tres días a través de las plantas de mesquite y uña de gato en un calor de 45 grados. (100 Farenheit).
A cinco millas de la tierra prometida, enmedio de una tormenta de verano, un agente de la Patrulla Fronteriza interceptó al grupo de Marvin. Los 50 migrantes habían estado descansando en la maleza, a un cuarto de milla al sur de la carretera a Bisbee.
El joven agente no pudo llevarlos a la estación, así que les ordenó que esperaran en una alcantarilla bajo la carretera, protegidos de la lluvia.
Los agentes regresaron varias veces para llevarse a otra parte del grupo. Pero nadie había regresado ahora por cerca de tres horas.
Dos de los últimos cinco migrantes vieron su oportunidad y huyeron. Pero dos jóvenes mujeres conocidas por Marvin como Mari Reyes y Glynnis, se negaron a desobedecer las órdenes del agente. Esperaron obedientemente a ser deportadas.
Marvin permaneció detrás para protegerlas, como lo había hecho anteriormente. Finalmente, el agua creciente convenció a las mujeres del grupo que era el momento de irse.
Escalaron hacia la carretera. No había ninguna Patrulla Fronteriza a la vista. Solos y extraviados, recordaron las historias que habían escuchado acerca de los rancheros que disparan a migrantes, acerca de persona agonizantes o desaparecidas.
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Marvin estaba asustado.
El rugido del motor era ensordecedor y una sombra de humo de diesel espesó en el aire mañanero.
Los cambiadores ondearon los puños llenos de quetzales Guatemaltecos, prometiendo la mejor tarifa de cambio para los colones Salvadoreños. Grupos de migrantes en los límites de Estados Unidos esperaban para abordar los seis autobuses para salir a Ciudad de Guatemala o la frontera de Guatemala con México.
Marvin había contratado a un coyote, un contrabandista, para que lo llevara 4,200 millas hacia Boston por 5,700 dólares. El pagó casi la mitad de la tarifa por adelantado.
Ahora, esperaba nerviosamente junto a otras 15 personas para abordar el autobús de la 7 a.m. en la línea Cóndor hacia Ciudad de Guatemala. El viaje fue solo de 110 millas, la distancia que hay de Tucson a Phoenix, pero podría tomar cinco horas; a través de las plantaciones de café, campos de caña de azúcar y tierras de la selva tropical.
"Para mí, fue la única manera de poder ayudar a mi madre y hacer una vida para mí mismo," dijo. "Todos intentaron hablarme para disuadirme. Pero tuve que venir."
La primera parte del viaje no sería ningún problema. El Salvador y Guatemala permiten una entrada fácil para turismo o trabajo. Pero en Ciudad de Guatemala él tenía que transbordar al autobús que lo llevaría a la frontera Mexicana. La polícia de inmigración de Guatemala podría estarlo buscando.
"Normalmente las personas cruzan a Tecún Umán o Talismán pero a mucha gente la asaltan y roban en esos lugares. Ellos nos llevaron a La Mesilla, donde dijeron que las cosas no estaban tan mal", recordó Marvin posteriormente.
"Yo estaba preocupado. Mi hermano me había dicho que el camino era largo y difícil, y uno escucha historias todo el tiempo de gente que tiene problemas.
"Es algo en lo que uno piensa; morir. Es algo de lo que uno habla en el camino".
Los peligros comienzan con los contrabandistas. "Los peores venden su gente a los coyotes Mexicanos en la frontera," dijo uno de los choferes del autobús Cóndor, "o ellos llevan a la gente al campo donde les quitan todo lo que tienen y los abandonan".
Eso es lo que le sucedió a Ramón Rodríguez Rendero, de 30 años, un pescador padre de cuatro hijos de Puerto Libertad, El Salvador, cuando partió hacia Estados Unidos en Agosto. El no tenía dinero para pagar a un coyote. Así que cuando un hombre le ofreció llevarlo a los Estados Unidos y recoger su cuota una vez que Rodríguez hubiese conseguido un empleo, él aprovechó la oportunidad.
Los guías resultaron ser bajadores, bandidos. Lo llevaron a él y a otros al interior de las selvas de Chiapas, los robaron y los abandonaron. Cuando los migrantes se encontraron con la policía Mexicana y la ayuda que estaban buscando, los oficiales intentaron robarlos también, entonces se enfurecieron cuando vieron que el grupo no contaba con nada que pudieran quitarles.
Pero Rodríguez lo va a intentar nuevamente. "Hacer una vida aquí es difícil, especialmente con todos estos hijos. Es por eso que fuí y por lo que voy a intentarlo de nuevo cuando pueda."
Esa desesperación y persistencia es por lo que los migrantes desean pagar tanto por la oportunidad de escapar al otro lado, explicó un contrabandista quien se identificaría a sí mismo solamente como Luis A.
Una mañana, trabajando en la terminal de autobuses, Luis estaba a punto de ingerir un desayuno de coctel de camarón cuando sonó su teléfono celular.
"El viaje le costará de 30,000 a 50,000 colones" (3,500 a 5,700 dólares) "y le tomará de 15 a 30 dias dependiendo de cuánto pague," dijo al teléfono.
"Mientras más pague, menos tiempo le tomará caminar o esperar".
Efectivamente, usted puede llegar allá en avión, pero es mucho más difícil arreglarlo y mucho más caro.
"Déjeme saber lo que decida, pero no tome mucho tiempo, los viajes se llenan pronto", le dijo al que llamaba, antes de cerrar la bocina.
Entró una segunda llamada. "Sí, sí, eso está bien," dijo al que llamaba.
"Ténlos listos para salir, pero no se muevan hasta que yo llame y les de luz verde."
Luis A. ha llevado gente de contrabando al norte por 14 años y dice que el negocio nunca ha sido más atareado o lucrativo.
"Hay todo tipo de personas que pasan a través de esta área para llegar a Estados Unidos, no solamente Salvadoreños. Hay Rusos, árabes, chinos y gente de toda Latinoamérica. Y hay muchos más que vendrían si tuvieran el dinero," dijo.
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La salida del autobús: Una bandera Americana adorna el autobús que sale de Occidente en San Salcador. Tales banderas son comunes en muchos países Centroamericanos, donde casi cada familia tiene un pariente o conoce a alguien que se fue a los Estados Unidos. |
Ellos vienen con la idea de que van a trabajar por uno o dos años, enviarán dinero a casa y guardarán algo para el dia que regresen a sus hogares y familias. Lo que ellos no entienden es que "el sueño Americano ya no es una realidad," dijo Luis A. "Es solamente un sueño."
La Mayoría no regresa a casa. "La gente necesita entender que para muchos de ellos, este es un viaje solamente de ida," dijo.
Pasar de contrabando a las personas no es ilegal en El Salvador, como en Estados Unidos, aunque la legislatura del pais ha solicitado enérgicas medidas en contra. Las autoridades están persiguiendo a los contrabandistas de mala fama por cargos de fraude. Las autoridades Salvadoreñas se han avergonzado por los arrestos de alto perfil de los nacionales extranjeros atrapados cuando viajan a través del país con pasaportes falsos.
A pesar de la presión, Luis A. dijo que su operación básica no ha tenido cambios a través de los años.
Oficialmente, él es uno de los cerca de media docena de cambiadores independientes que convierten colones y otras monedas en quetzales Guatemaltecos para los viajeros que van al exterior.
Pero su trabajo real es como pollero y guía, organizando y encabezando los grupos de migrantes hacia los Estados Unidos para el coyote.
El coyote es el gran jefe, el hombre del dinero que realiza los pagos por adelantado para los gastos y hace posible el financiamiento para el caro viaje.
"La Mayoría de las personas pagan entre 4,000 a 5,700 dólares si viajan una ruta terrestre," dijo Luis A. Los pollos pagan la mitad de la cuota por adelantado. El dinero se da al guía, quien lo usará para pagar la transportación, comida, hospedaje seguro y sobornos a lo largo del camino.
"Es un negocio muy bien organizado, y cuidarse de las autoridades, especialmente en México, no es problema. Si usted necesita pagarle a un policía, usted le paga a un policía. Todos tienen un precio."
Pero las cosas se tornan peligrosas justo antes de que usted llegue a la frontera Mexicana, dijo.
La ejecución Guatemalteca se ha vuelto tan intensa que se están utilizando lanchas, barcos de pesca y embarcaciones deportivas para saltar encima de los migrantes pasando Guatemala y directamente a la costa del Pacífico de Chiapas. Muchas personas murieron el mes pasado cuando una ola sumergió una lancha.
Marvin llegó a Ciudad de Guatemala, casi 5,000 pies sobre el nivel del mar en una alta meseta, la tarde del primer día. Luego esperó junto a otros para su próximo viaje. La Ciudad de México estaba a 700 millas.
"Salimos en un autobús a mitad de la noche y viajamos a través de la selva todo ese día hasta que llegamos a La Mesilla. Todos los hoteles estaban llenos de mojados y todos nos dirigíamos a Estados Unidos," dijo. "Había Centroamericanos, Peruanos, Ecuatorianos, Colombianos. Pasé dos días ahí.
Había camas, comida, un lugar para tomar un baño."
El y los otros esperaron en el hotel junto a los guías, la llegada de otros viajeros.
Al final del segundo día él y otros 14 en el hotel, fueron despertados a la medianoche y colocados en una camioneta pickup que los llevó al río en la frontera entre Guatemala y Chiapas.
El agua se movía rápida y extensamente. La única manera de cruzar era un angosto puente suspendido hecho de tablones de madera y sogas, colgado precariamente de los árboles en lomas empinadas.
"Me preocupó", dijo Marvin. "Estaba muy asustado."
Los 15 migrantes fueron colocados en la caja de una camioneta, cubierta por una lona y conducidos por varias horas más hasta que llegaron a la ciudad de Tuxtla-Gutiérrez, Chiapas.
Marvin lo recuerda como una travesía incómoda. Pero para Araceli Barrentos, de 37 años de edad, quien fue llevada a través de Tecún Umán, fue la primera mala experiencia de un horrendo viaje a los Estados Unidos.
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Moneda fuerte: Los cambiadores se reúnen en un carro en la terminal de autobuses de Occidente, donde los viajeros que van al norte se enteran de que necesitan dinero Mexicano y guatemalteco.
Negociando: Un contrabandista llamado Luis A. habla por su celular mientras almuerza en la terminal de autobuses de Occidente en San Salvador. La conversación fue sobre un viaje, ya fuera Houston o Phoenix. Su compañero trabaja como cambiador. |
Barrentos, una trabajadora social de Santa Ana, El Salvador, y otras cinco mujeres pagaron al contrabandista 37,000 colones, 4,200 dólares cada una, para que las guiaran a través de México hacia Phoenix.
Luego de permanecer en una choza de una granja Guatemalteca por cinco días entre perros, cerdos y gallinas, su grupo de 28 migrantes fue llevado a México donde los empacaron dentro de una camioneta pickup con jaulas de ganado en la parte trasera.
"Los llaman encebollados, donde los acuestan lado a lado, con la cabeza de una persona para un lado y la siguiente con la cabeza para el otro lado," dijo.
Una segunda capa de personas fue tendida a través de las otras de la misma manera. Entonces los contrabandistas echaron el cerrojo a una hoja de madera sobre la cabina de la camioneta.
"Cuando nos dijeron que estaríamos unas horas así, una de las mujeres comenzó a llorar. Pero le advirtieron que si hacía cualquier sonido durante el camino podría ser echada y se mataría. Probablemente hubiéramos muerto de no haber sido por Dios.
"Luego de siete horas, la inmigración Mexicana detuvo el pickup. La gente estaba tan desesperada que comenzaron a golpear a los lados de la camioneta.
Cuando los oficiales iniciaron la revisión de la camioneta, los guías huyeron."
Tres días después, la policía Mexicana regresaría los 28 migrantes a los mismos guías, quienes los colocaron entonces en las mismas camionetas y los condujeron hacia la Ciudad de México.
Cuando Barrentos llegó a San Franciso a finales de Mayo, donde trabaja actualmente, había perdido 30 libras, fue abandonada en dos ocasiones por los contrabandistas, dejada sola en una casa segura en la Ciudad de México en espera de más dinero por parte de sus parientes y forzada a cocinar y limpiar luego para los otros migrantes - a veces unas 70 personas - que pasaban por la casa diariamente.
Luis A. culpa al incremento de las aplicaciones por ocasionar tales problemas. Las cuotas de contrabando se han disparado tan alto que los nuevos e inexpertos guías están llevando a los migrantes hacia el peligro, dijo.
"Hubo un momento en que la Mayoría de los guías podían decir que nunca habían perdido una carga," dijo Luis A. "La Mayoría de nosotros podíamos cruzar a nuestra gente en el primer intento. Ahora, del 100 por ciento que llevamos, solamente el 30 por ciento lo logrará en el primer intento.
"Estos días hay muchas más personas que regresan a la frontera," dijo. "Los coyotes garantizaban que usted llegaría. Ahora la Mayoría le va a garantizar tres intentos y luego de eso le tendrá que pagar de nuevo."
Marvin y sus compañeros de viaje pasaron tres días en un hotel en Tuxtla-Gutiérrez, Chiapas, esperando a los guías "para pagar a los oficiales Mexicanos que nos permitirían pasar. "Así es en México, todo se maneja con dinero."
En Chiapas sus tratantes comenzaron a adiestrar a Marvin y a los otros en cómo ser Mexicanos, diciéndoles que una vez que estuvieran al norte de la Ciudad de México, ellos se identificarían a sí mismos con cualquiera que les preguntara como ciudadanos Mexicanos del puerto de Veracruz.
"Ellos dicen que los jarochos, la gente de Veracruz, y los Salvadoreños hablan con la misma tonadita. Nos dijeron cómo hablar y nos contaron sobre la ciudad y cosas como la historia y el nombre del gobernador," dijo. "Nos dieron pequeños detalles, como la forma en que nosotros llamamos a esto braceleta," dijo, apuntando a la correa del reloj, "y en México le dicen estensible."
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La lección Mexicana es importante y junto con la experiencia y conexiones del guía, es un gran factor para el éxito o fracaso del viaje, dijo Luis A.
También es una protección en caso de dificultades porque en alguna captura en la frontera de los Estados Unidos, convencerlos de que se es Mexicano significa que la deportación a través de la frontera hacia México, es mejor que todo el camino de regreso a El Salvador.
Los oficiales Mexicanos de inmigración se han quejado de que muchas personas que son llevadas de regreso a México por la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos, no son ciudadanos Mexicanos. Los oficiales de la Patrulla Fronteriza dicen que tales errores son raros.
"En la frontera, es mejor si eres Mexicano," dijo Luis A.
Pero hasta en la Ciudad de México, Marvin y los otros migrantes llevaban consigo visas Mexicanas proporcionadas por la policía Mexicana, identificándolos como turistas de El Salvador. Estuvieron bajo instrucciones estrictas de mantenerse callados y que dejaran hablar a sus guías.
A lo largo del camino, la policía Mexicana detuvo y subió los autobuses, dijo Marvin. Pero los guías les habían dado una contraseña. "Era la manera en que la policía sabía que el guía había pagado por el pasaje," dijo. "Los contrabandistas tienen conexiones y saben quién tiene que ser pagado en cada punto y pagan. Si tú das la contraseña, ellos te dejan en paz. Pero si no lo haces te llevan fuera del autobús."
Para el recorrido de Marvin la contraseña fue piojoso.
"Eso les dijo a ellos que habíamos pagado todo el camino hacia la Ciudad de México."
La Embajada Mexicana en Washington reconoce que las personas que cruzan de contrabando pueden atraer a la policía hacia la corrupción. Pero no tanto como en Centroamérica o los Estados Unidos, dijo el vocero José Antonio Zabalgoitia. "La única manera en que podemos tener éxito contra estas organizaciones criminales," dijo, "es trabajando juntos en su contra."
Al grupo de Marvin le tomó dos días para llegar a la estación de autobuses de la Ciudad de México, donde tomaron un taxi a un clavadero, o escondite, una casa segura a donde llegaban grupos y partían casi continuamente.
Fue ahí donde Marvin conoció a Xiomari Reyes de 27 años, y a muchos otros Salvadoreños también conducidos al área de Boston. Reyes dejó a su hija de 8 años y a su hijo de 6 en su casa para reunirse con su esposo en Boston. "Fue muy difícil dejarlos," dijo, "pero necesito localizar a mi marido para ver si vamos a permanecer juntos como una familia."
Los migrantes mostraron las falsas visas Mexicanas de turista y los pasaportes Salvadoreños que les habían dado, pero eso no satisfizo a la policía. Luego de hablar por unos minutos con los guías, sin embargo, los oficiales les proporcionaron escolta policíaca hasta la terminal de autobuses.
Allí se encontraron con más migrantes que se dirigían al norte y fueron colocados en el autobús para la parte más larga del viaje, las 1,100 millas a la frontera con Estados Unidos. Deberían pasar en aproximadamente un día a través de los bosques subtropicales hacia lo alto del Desierto de Chihuahua.
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"Había retenes por todas partes, pero el guía tenía dinero del coyote que él usa para pagar a los oficiales en cada parada," recordó Marvin.
En la ciudad de Chihuahua, el grupo transbordó a otro camión que se dirigía a la frontera de Agua Prieta. "No parábamos ni descansábamos. El autobús fue pagado y tuvimos que seguir a través de la noche."
En el Salvador, Marvin escuchó que Agua Prieta, una ciudad fronteriza a 110 millas al sureste de Tucson, podría ser un lugar fácil para ingresar a los Estados Unidos; a pesar de los 2.7 billones de dólares que Estados Unidos gasta cada año en controlar la frontera sur. Más de 126 millones de dólares de esa cantidad, son asignados a los condados de Arizona de Cochise, Santa Cruz y Pima.
En Agua Prieta, frente a la línea de Douglas, permanecieron varios día en una casa segura donde estuvieron de paso de 70 a 100 personas.
A las 4 p.m. en el cuarto día en Agua Prieta, Marvin y otros 20 migrantes fueron colocados en una camioneta van y conducidos al oeste en la carretera 2 hacia Naco.
"Nos llevaron a las montañas y nos dejaron al final del camino y nos dijeron que empezáramos a caminar. Cada uno de nosotros tenía un galón de agua, pero la caminata fue dura y bebimos mucho."
El área es conocida como Las Antenas porque las torres de radio y televisión son visibles en lo alto de los cerros.
Es el mismo sitio donde el Salvadoreño de 19 años José Walter García y Araceli Barrentos cruzaron la frontera en Mayo en un grupo de unos 60 migrantes encabezados por un trío de guías.
Para el tercer día de caminata, se habían terminado el agua. Y con temperaturas que subían cerca de los 100 grados farenheit, García comenzó a sentirse enfermo y se quedaba atrás.
En breve, comenzó a sentirse débil. Escupió sangre. "La garganta me dolía mucho y no podía tragar ni hablar," dijo.
"Sentía que estaba muriendo. Estaba desesperado y deseaba morir."
El recuerda que escuchaba a sus compañeros pedir a los guías que se detuvieran y lo dejaran descansar. Alguien contestó "No se preocupen, aquí la tierra es suave;" como sugiriendo que él podría ser sepultado en el lecho del arroyo seco donde se había derrumbado.
Algunos de los hombres amenazaron con matar a sus guías si García no sobrevivía. Solo entonces cedieron y permitieron que el grupo se detuviera y se hicieron cargo de él.
En el segundo día de su caminata por su cuenta, Marvin y sus compañeros se unieron a otras 30 personas. Llenaron sus botellas de agua de un escondite que los contrabandistas habían colocado a lo largo de la ruta.
Mari Reyes, la mujer que Marvin conoció en la Ciudad de México que quería reunirse con su esposo en Boston, se quedó atrás.
Comenzó a ponerse nerviosa cuando un hombre empezó a quedarse detrás del grupo para estar con ella.
Pensó que la asaltaría. Justo entonces Marvin vino a buscarla, ahuyentando al otro hombre.
"Fue atemorizante. Había pocas mujeres y muchos hombres," dijo Reyes.
"Teníamos hambre y sed todo el tiempo, y caminamos mucho. Un día caminamos por 16 horas."
Por la tarde del tercer día de camino, los 50 aspirantes a ilegales y sus guías habían cubierto más de 15 millas a través de las cordilleras en México y al borde de las Mule Mountains en el sur de Arizona.
Fue cuando el joven agente de la Patrulla Fronteriza los descubrió en una fuerte tormenta y la Mayoría del grupo fue transportada para su deportación.
El primer conductor que se detuvo fue un agente de la Patrulla Fronteriza fuera de servicio.
El intentó comunicarse a su estación por su teléfono celular pero no pudo hacerlo. "Es su día de suerte," les dijo mientras se marchaba.
El siguiente conductor, un hombre de Bisbee que regresaba de una cita con el médico en Douglas, los recogió.
El conductor dijo que era como una escena de Twilight Zone.
"Estaba lloviendo como no lo creerían. De repente ahí estaban estas tres figuras en las luces de los faros. Cuando voltearon, tenían una expresión en sus rostros que no puedo describir. Era como "me rindo, ayúdeme."
"Estaban en un mundo de dolor, helados y empapados.
"Bajé las ventanillas y el hombre joven dijo, "Phoenix?" Les pregunté si estaban solos y cuando las dos mujeres asintieron, les dije que se dieran prisa y entraran."
Aunque él hablaba Español, el hombre no tenía idea de cómo ayudarlos, así que los llevó con una amiga.
Ella los llevó a casa de otra mujer en Bisbee, parte de una red que ha ayudado muchas veces a inmigrantes ilegales que han sido abandonados.
Ella y el conductor que los recogió pidieron no ser identificados porque ayudar a migrantes puede ponerlos en prisión por cinco años, arriesgando sus sustentos y permitiendo al gobierno federal incautar sus autos y viviendas.
Pero lo más importante, dicen, les impediría ayudar a más gente en el futuro.
Marvin, Mari y Glynnis estaban en condiciones de salud relativamente buenas cuando la cadena de Bisbee los recogió, aunque necesitaban asearse, descansar y recuperarse.
Algunas ocasiones los migrantes están en condiciones tan maltratadas que el grupo de Bisbee tiende a cortar ampollas o lesiones más serias. Cuando es necesaria Mayor atención médica, los miembros llaman a un doctor.
A menudo, los migrantes se traumatizan al punto del shock físico.
Araceli Barrentos y José Walter García estaban en malas condiciones cuando llegaron al umbral de la casa de la mujer, en Mayo.
Luego de cruzar cerca de Las Antenas, fueron levantados por la Patrulla Fronteriza al norte de Bisbee y llevados a los hospitales.
Barrentos recuerda cuando ella y otras tres personas fueron sacadas del hospital de Bisbee en medio de la noche. La enfermera en turno les señaló unas puertas al final de un largo pasillo y dijo, "La Patrulla Fronteriza los está esperando allí." Entonces la enfermera apuntó a las puertas dobles de cristal en la entrada principal y dijo, "O pueden irse por allá."
Ellos salieron por las puertas principales. Se dividieron en pares y se alejaron caminando en diferentes direcciones. Barrentos nunca supo qué pasó con los otros dos, pero ella y García fueron a una casa donde vieron una luz, en busca de ayuda.
El hombre que respondió resultó ser un funcionario de inmigración de Estados Unidos que acababa de llegar a casa de su trabajo en el Puerto de Entrada de Douglas.
El hombre se disculpó y dijo que no podía ayudarlos. Pero les ofreció agua y les dijo cómo encontrar la carretera.
El siguiente hombre que encontraron los llevó para que hablaran con su esposa, quien tenía un amigo que conocía a alguien que podía ayudarlos.
Terminaron al cuidado de la cadena de Bisbee, la cual eventualmente los ayudó a localizar a sus familias y arreglar su transportación a San Francisco y Los Angeles.
Sacar a la gente de Bisbee puede ser complicado debido a los puntos de revisión de inmigración de la Patrulla Fronteriza. Pero regularmente el grupo es capaz de conducir a los migrantes a Phoenix y Tucson donde pueden tomar el autobús, tren o avión hacia su destino final.
Marvin y sus compañeros pasaron cerca de dos semanas en Bisbee, un viejo poblado minero convertido en colonia de artistas, con casas victorianas y chozas de mineros encaramadas en laderas abruptas y de color óxido.
![]() Punto de regreso: Esta es la alcantarilla cerca de Bisbee donde le dijeron a Marvin y a otras 50 personas que esperaran a los agentes de la Patrulla Fronteriza. Las crecientes aguas obligaron a Hernández y a dos mujeres a desobedecer esas instrucciones. |
Ellos hicieron un agujero en la casa para ver a los niños jugando al otro lado de la calle, pero nunca se aventuraron a salir. Un día un oficial de la policía de Bisbee tocó la puerta, pero no los descubrió.
Sus anfitriones de Bisbee pasaron las dos semanas preparándolos para su viaje, cambiando sus peinados, comprándoles ropa nueva y adiestrándolos para que actuaran ahora como Americanos.
Desde la casa de Bisbee, Mari, Glynnis y Marvin también llamaron a sus familias en El Salvador y Boston, pidiendo dinero para el boleto de avión.
Cuando llegó el momento de irse, fueron colocados en dos automóviles. Otros dos vehículos salieron un poco antes para explorar la ruta que podría tomar la caravana, asegurándose de que la Patrulla Fronteriza aún no había activado el punto de revisión en la carretera 80.
Se perdió un juego de llaves brevemente pero luego fueron encontradas. Uno de los carros se sobrecalentó en el camino a Phoenix. Luego la confusión en el estacionamiento del aeropuerto separó al grupo y los retrasó en Sky Harbor.
Los boletos y pases de abordar se habían obtenido bajo los nombres de tres voluntarios, quienes debían transferir los boletos a Marvin y las dos mujeres antes de llegar a la puerta de abordaje.
El avión estaba saliendo alrededor de las 2 p.m. y se suponía que el grupo llegaría 40 minutos antes. Llegaron justo en el último segundo; el avión había sido abordado. Así que tuvieron que hacer la transferencia justo en la entrada.
"La mujer que les llevó los pases de abordar vió todo, pero no dijo nada.
"Ella fue muy cortés" dijo una de las mujeres que les ayudó ese día.
La experiencia los desconcertó tanto que una de ellas dijo, "Oré a Dios para que no me trajera más gente por un buen rato."
Pero ella sabe que si eso sucede, los ayudará de nuevo. "Fue solamente una de esas cosas en las que tienes que hacer lo que Dios te diga," dijo.
El primer viaje en avión en la vida de Marvin lo llevaría por 2,300 millas.
"Estaba nervioso. Subí al avión y ni siquiera sabía dónde sentarme. Usé mi poco Inglés y tuve que preguntar a la sobrecargo dónde debía sentarme.
"Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Providence, tres oficiales de inmigración nos siguieron y nos revisaron, pero detuvieron a este hombre de pelo largo y simplemente continuamos caminando."
El cuñado de Glynnis estaba en el aeropuerto de Rhode Island para encontrarse con los tres y conducirlos a la etapa final.
Marvin dio su primera mirada a Boston justo después de la medianoche. Estaba encantado y con esperanzas, inclusive cómodo.
Todo eran cerros y luces brillantes, igual que en San Salvador.
"Boston es una ciudad preciosa," dijo. "Se siente como en casa."
* Día 2: La patria que él dejó atrás
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Ignacio Ibarra, de 45 años ha cubierto asuntos de la frontera para el Arizona Daily Star desde 1991. Vive en Bisbee. Jeffry Scott, de 38 años, ha sido fotógrafo del Star desde 1996. Ambos hombres han viajado extensamente por México y América Latina. También han trabajado juntos para producir el reportaje especial del Star en Julio de 1999, "Vidas en la línea fronteriza." | |